Veinticinco metros de distancia
El fruto de la Mauritia flexuosa madura muy alto. La motosierra era el atajo, y cada atajo eliminaba una palma hembra del humedal.

Durante décadas, alcanzar el fruto significaba derribar una palma de cuarenta años. Un arnés, una técnica aprendida y un acuerdo comunitario cambiaron la ecuación para siempre.

“La palma que subo hoy me va a dar fruto veinte años más. La que tumbaba, me daba una vez.”
Elías Tanimuca · Cosechador y guardián del humedal
El fruto de la Mauritia flexuosa madura muy alto. La motosierra era el atajo, y cada atajo eliminaba una palma hembra del humedal.
Una cooperativa de Loreto compartió su sistema de escalada. Cuarenta cosechadores se formaron en tres talleres; hoy son más de trescientos en la cuenca.
La turba bajo esos cananguchales es una de las reservas de carbono más densas del planeta. Mantenerla intacta pasó de ser un discurso a ser una cláusula del acuerdo de compra.
El aceite rico en betacaroteno y la fibra del fruto alimentan hoy dos cadenas distintas: cosmética funcional y biomateriales de empaque.
Diagnóstico comunitario: 1 de cada 3 palmas hembra derribadas por temporada.
Primeros 40 cosechadores formados en escalada con arnés.
18.000 hectáreas de humedal bajo acuerdo de no tala.
Centro de acopio con frío y primera exportación de aceite trazado por lote.


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